Recuperar el clítoris para volver a la vida

La matriarca de la Asociación Cultural Zassa de África (ACZA), Marta Diomandé -quien también fue mutilada en su niñez- consigue que tanto mujeres en Francia como en Costa de Marfil superen el calvario que supone la ablación (mutilación genital femenina) del clítoris.

Por EFE/The Clinic                                                                                                                                                                                                                                                                        05 de Febrero, 2020

Anne es de nuevo una mujer normal, ha dejado de estar muerta, según asegura, y ahora vuelve a disfrutar del placer de vivir. Todo ello gracias a una cirugía que le devolvió lo que la mutilación genital femenina le había arrancado: su clítoris.

“La vida se volvió muy difícil después de aquello (la ablación del clítoris)”, explica a Efe esta joven de 20 años que vive en Abiyán, capital de Costa de Marfil, y cuyo nombre ha sido modificado para preservar su intimidad, “me sentía cómoda, aceptada, dentro de mi comunidad, pero en casa todo era un infierno”.

Anne habla de forma calmada, buscando con cuidado entre sus recuerdos y desprendiendo sonrisas que hoy regresan a su rostro, desde su puesto en el mercado de Treichville, un barrio popular de Abiyán.

“Los encuentros sexuales eran dolorosos y a veces sangraba”, describe con cierto pudor al conversar sobre un tema que solo se trata en el hogar, “creo que por miedo y vergüenza mi marido me apoyó cuando supimos que en Burkina Faso era posible tener acceso a cirugía reparadora”.

Una amiga suya sabía de una ONG francesa, Asociación Cultural Zassa de África (ACZA), que realizaba este tipo de reconstrucciones, y la decisión de acudir a ellos cambiaría para siempre su vida: “Fue como ver la luz al final del túnel”, medita.

Prefirió que la cirugía se realizase lejos de su hogar y de los juicios que pudieran caerle encima por parte de la sociedad más conservadora, y en la clínica de Burkina, Emma conoció también a otras mujeres de otros países vecinos.

Como matriarca de esta organización sin ánimo de lucro, y rodeada de un equipo de cirujanos, Marta Diomandé -quien también fue mutilada en su niñez- consigue que tanto mujeres en Francia como en Costa de Marfil superen el calvario que supone la ablación del clítoris.

Fue otra mujer con una mutilación de tipo 3, es decir, con “el aparato genital prácticamente cerrado”, y a la que le financió dos cirugías reconstructoras, la que le inspiró para comenzar su labor.

“Era la única forma de devolverle una vida sexual”, asegura a Efe Diomandé, quien pagó por dichas reconstrucciones unos 700.000 francos CFA (1.000 euros).

MÁS DE 200 MILLONES DE MUJERES

Su labor más importante, no obstante, no es la reconstrucción física, sino los cursos de sexología que imparte. Diomandé optó por no recuperar su clítoris, pero no por ello renuncia a una vida sexual plena.

“He aprendido (a conocer) y a usar mi cuerpo para tener placer con mi pareja, y esa es la experiencia que comparto con otras mujeres”, expresa con orgullo.

Esta mujer, que vive a caballo entre Francia y Costa de Marfil, cree que si no hubiera sido mutilada su lucha hoy no tendría la misma fuerza, y que ahora su corte se ha convertido en “una marca de identidad”.

Una marca que padecen, quizás no como seña de orgullo, más de 200 millones de mujeres y niñas en los 30 países de África, Oriente Medio y Asia en los que todavía se practica la ablación, según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Un práctica que en algunas etnias y religiones se lleva a cabo por temor a que la niña sea repudiada, no pueda casarse o sea considerada impura, pero que no conlleva ningún beneficio para la salud y puede derivar en otras graves dolencias como la fístula obstétrica.

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