CONOCIENDO A NUESTRA GENTE: HORTENSIA NOVOA, DIRIGENTA DE LA EMBLEMÁTICA JUNTA DE VECINOS SIMÓN BOLÍVAR

Conoce a Hortensia Novoa, quien con 46 años viviendo en nuestra población, es una de las dirigentes vecinales más experimentada, pragmática y concreta de Lo Hermida. Una mujer de carácter fuerte, que sabe lo que quiere y no teme ir por aquello que se ha trazado como meta. Inquieta, directa, una líder nata, tan inmensamente trabajadora como profundamente solidaria.

Señora Hortensia cuéntenos de su familia  

Soy casada y tengo 5 hijos, de distintas edades más dos nietos. Mi hijo mayor con 38 años y mi hija menor con 20. Entre ellos tengo hijos de 33, 30, 23. Tres hombres y dos mujeres. Las dos últimas son mujeres. Todas nacieron aquí. Tengo un solo hijo que ha salido de acá y definitivamente va a vivir en otro espacio, porque Peñalolén se ha vuelto muy caro para vivir. La vivienda es un tema muy potente aquí en la comuna, el tema con las inmobiliarias exige muchas lucas para vivir en Peñalolén y todos los Peñalolinos quisieran quedarse a vivir aquí.

¿Cuándo llega a Lo Hermida?

Yo llegue a Lo Hermida en el año 72, llegamos a las tomas de la Simón, en ese entonces era el campamento guerrillero Manuel Rodríguez. Llegamos a la orilla de Vespucio, lo que hoy es el complejo Juan Pablo II. Llegué a los 8 años y mi marido llego al campamento Vietnam heroico, nos conocimos acá en Lo Hermida. Vamos a cumplir 46 años viviendo en Lo Hermida. Yo me case súper chica, llevo 37 años de matrimonio.

¿Cuánto ha cambiado Lo Hermida en estos 49 años?

Lo Hermida ha cambiado mucho, pasamos de la tierra a tener veredas, de tener pozo negro a tener casetas. Pero a nosotros no se nos dio como en otros lugares. Por esos años un día llegué muy enojada, llegamos con los chicos de cortar el pelo en Peña Alto, ahí vi que ellos ya tenían su segunda etapa y más, mientras a nosotros nada. Esos avances nunca llegaron para Lo Hermida.

Una vez que nos entregaron nuestro título de dominio el 85, ese mismo año nos hicieron las casetas, en el 86 nos dijeron: «tome, pague, esto es suyo». Ahí comenzamos la auto-construcción y todas nuestras casas son autoconstruidas. En un esfuerzo familiar. Siempre fue un esfuerzo individual.

¿Desde cuándo que tiene su peluquería?

Desde el año 91, antes era dueña de casa. Ya tenía a mi tercer hijo y las cosas en esos años no eran muy buenas, la economía en este país era muy mala, entonces me dije, mis hijos no pueden pasar necesidades. Decidí hablarlo con mi suegra, ella me animó mucho, me dio todo su apoyo, con los niños. Desde ahí decidí volver a estudiar y fue lo mejor que pude hacer. Entré a estudiar peluquería en el instituto «Oscar Parra».

«No soy de las que llora, soy de las que trabaja, de las que busca. Cada vez que tenemos la posibilidad de postular a un proyecto lo postulamos, cada vez que tenemos la posibilidad de hacer un trabajo lo vamos hacer».

¿Cuándo nace la inquietud por ayudar a la comunidad?

El instituto tenía un área social. Les gustaba que sus practicantes fueran en hogares de menores, de ancianos y escuelas. Luego cuando empecé a trabajar, me fui a la municipalidad, que en esos años estaba en Av. Orientales a hablar con la jefa de capacitación laboral. Le dije que me había conseguido unos cupos para que algunos chiquillos puedan estudiar. En esos años,empecé a trabajar con chicos, a medida que ellos estuvieron listos para cortar el pelo, le avisaba y salíamos a veces con 15 o 18 chicos a trabajar a las juntas de vecinos y ahí conocí mi Peñalolén.

¿Entonces cuando comienza a aparecer esas ganas de organizarse y de ser dirigente en su población?

Cundo llegue enojada de Peña Alto, porque había vereda, calle, colegio y ellos llevaban menos tiempo que nosotros, entonces muy enojada le digo a mi vecina: (que era le presidenta de la junta de vecinos en esos años). «Porque tanta diferencia, porque ellos están allá arriba y se van a unir a otro tipo de gente». Ahí comenzó el trabajo de los dirigentes en pedir la calle.

¿Los jóvenes han seguido ese ejemplo, o están en otra como dicen ellos?

Nosotros tenemos jóvenes en Lo Hermida, que son súper luchadores. Que luchan por reconstruir y rescatar espacios, yo me saco el sombrero con la gente de la 18 donde hay gente joven trabajando. Lo que a nosotros no ha costado es involucrar a los jóvenes en lo que es lo comunitario, ahora bien, si tú les pides ayuda, ellos vienen. Cuando quisimos re-modelar nuestra plaza, ellos nos apoyaron mucho. Ahora también los chicos ponen mucho énfasis en las cosas, pero a veces eso les juega en contra, porque tú no puedes ser solo, tienes que insertarte en la comunidad, los problemas no se pueden siempre resolver solos.

 

Tenemos entonces la gente que construyó esta población, de la que hemos estado hablando. ¿Cómo es la gente hoy que vive en Lo Hermida?

Cada vez vamos quedando menos, hace poco acabamos de perder un vecino que fue un fundador de la población. Entonces tengo vecinos que fueron dirigentes, que movían el sector y se fueron a vivir fuera de Santiago por su salud, etc. Entonces va quedando la generación de los hijos de los colonos, pero los hijos ya no son lo mismo en el sentido que los chiquillos hoy en día se buscan su trabajo, están todo el día a fuera, vuelven y el problema del vecino o algún problema en la plaza, ya no es tema para ellos.

¿Cómo vamos recuperando entonces la vida en comunidad?

No soy de las que llora, soy de las que trabaja, de las que busca. Cada vez que tenemos la posibilidad de postular a un proyecto lo postulamos, cada vez que tenemos la posibilidad de hacer un trabajo lo vamos hacer. Nuestra plaza necesitaba una manito de gato y es primera vez en todos estos años que el Municipio nos apoya con un proyecto para nuestra plaza, un día me llama alguien y me dice: «sabes que hay un proyecto para seguridad». Nosotros tenemos un comité de seguridad. Entonces postulamos para las luces que nos faltan en la plaza, lo ganamos. 9 postes de luces para la plaza, durante años fue la lucha de algunos, hasta que nos unimos y se transformó en la lucha de varios, se sacó adelante, solo tenemos que encender la llamita para que se vaya transformando en fogata.

 

 

Este ha sido un año particularmente frío y con los fríos surge nuevamente la necesidad de ir en ayuda de las personas que viven en la calle, ¿Cómo surgió la idea de salir en ayuda de esas personas?

En la mesa barrial empezamos hace unos 8 años, decidimos dar comida, en un furgón que le pertenece a don Sergio Lucero, presidente de nuestra junta de Vecinos. Anduvimos por todo lo Hermida, nos encontramos con muchas realidades. Por esos días también yo preparaba un taller de peluquería para el programa “Quiero mi Barrio” y les propuse a las chicas me apoyaban en cortarle el pelo a la gente de calle y salimos no más. Ahí se me unieron las personas con las que trabajo, ellos hicieron desayuno, almuerzo y mientras mis chicas y yo les cortábamos el pelo.

Cuando empezamos a trabajar, fuimos 8 mujeres, se nos acopló la mesa barrial que eran como 14.

Este es el primer año que nosotros trabajamos en un albergue, cuando empezaron los fríos, nosotros nos preguntamos con los dirigentes: ¿qué pasaba con el albergue? ¿Qué pasaba con la muni? y nos informaron que no habría código azul, que Peñalolén quedó a fuera del código azul. No aceptamos que la respuesta fuera negativa y empezamos a hinchar para que la situación cambiara. Hasta que el Lukas Santibáñez, encargado de la oficina de Lo Hermida, nos informa que se va habilitar el Chimkowe como albergue. Le pedí a mi esposo que me llevará, porque hay que ser consecuente, porque si yo estoy “gritando” o exigiendo un espacio para quienes lo necesiten, lo mínimo es ir a ver lo que se va hacer y en que voy apoyar, si el hablar sin acción no es válido. Fui la primera noche y nos enteramos que llegaron 11 personas, les conté al grupo con el que trabajo y me dijeron: «llevemos sopa, llevemos un postre, hagamos harta sopa para la gente que no está en el albergue.»

Llegamos allá la segunda noche y nos encontré con un matrimonio, Pamela y Jesús, ellos son de “Las Pircas” que habían llevado comida también. Ahí empezamos a formar un grupo con gente de Las Pircas, Los de Peñalolén Alto y los de Lo Hermida. Somos un grupo que lleva trabajando con la gente de calle desde que se abrió el albergue, nos conseguimos con los vecinos, fideos, ropas, etc. Y cuando la gente de lo Hermida no puede cocinar, cocinan la gente de Las Pircas o cualquier otro grupo y nos juntamos, podemos decir que hicimos un buen equipo de trabajo. Agradecemos el apoyo que nos da la gente que no nos conoce, que tiene la confianza de entregarte, fideo, arroz y que confía en se van a usar. Porque eso es confianza y se agradece. La Claudia de Peñalolén alto me indica cuales son las necesidades que tienen, ya sea falta de vaso. Comúnmente cocinamos en la sede social. Nosotros tenemos fondos y todo lo necesario para cocinar.

«A Peñalolén le falta humanizarse más, yo pienso que recuperar humanidad ya es poco, la mayoría de los que llegaron ya no están. Las nuevas generaciones tienen que humanizarse más y la palabra humanizar te abarca todo».

¿Pero siguen llevando comida a la gente que vive en la calle?

Si claro, a veces en el albergue llegan a ser 53 personas y eso no es menor, pero hay casos que no se quieren mover de sus sitios. Gente que no se mueve de Molineros con Grecia, otros que están en la Cancha 3, en la Juan Pablo Segundo, también algunos que están en San Luis. Hay realidades que son muy fuertes, como un niño que está en la calle porque su hermano lo golpea.

Es gente muy agradecida que por circunstancias de la vida está en la calle, por uno u otro motivo. Nosotros no hacemos juicios a nadie.

A Peñalolén le falta humanizarse más, yo pienso que recuperar humanidad ya es poco, la mayoría de los que llegaron ya no están. Las nuevas generaciones tienen que humanizarse más y la palabra humanizar te abarca todo.

¿Qué la mueve a salir a la calle y ayudar a estas personas?

Dos motivos potentes para mí en lo personal (se produce un largo silencio y los ojos de Hortensia se llenan de lágrimas y melancolía), un padre alcohólico y un abuelo que cuando falleció mi abuela, decidió andar de casa en casa de sus hijos y la mía, pero nunca quedarse por mucho tiempo en la de ninguno, aunque todos le decíamos que se quedara. Lo que nunca supimos es que cuando no llegaba a ninguna de nuestras casas, se iba a un albergue o simplemente se quedaba en la calle, él nunca lo dijo, siendo que tenía para llegar a cualquiera de nuestras casas. Solo lo supimos cuando el falleció, porque alguien que lo conocía nos contó, que lo hacía por no molestarnos, cuando me consta que ni para mí ni para mis tíos él nunca fue una molestia.

Por otra parte yo perdí a mi papá cuando tenía 12 años, él bebía desde los 12 años, no sé si alguna vez durmió en la calle, no lo tengo claro, no vivía con él desde los 4 años. Mi mamá a veces me dejaba ir a buscarlo cuando tenía ganas de verlo, lo que mi mamá nunca supo, es que si yo no lo encontraba en su casa, lo iba a buscar a las botillerías. Cada vez que yo veo está gente pienso que hubiese pasado si hubiese sido diferente. Pero no me quedé en eso, sino que me fui a apoyar a esta gente, a pensar que a veces no comen, porque solo beben y porque las vuelta de la vida uno nunca sabe.

Miremos al futuro usted que es una conocedora de la comuna y su gente, ¿Qué le falta a Peñalolén?

A Peñalolén le falta humanizarse más, yo pienso que recuperar humanidad ya es poco, la mayoría de los que llegaron ya no están. Las nuevas generaciones tienen que humanizarse más y la palabra humanizar te abarca todo. El nuevo logo de oficina de “Seguridad Humana”, les queda muy grande. Porque si es seguridad humana veamos que la calle no son seguras, porque nuestras veredas están rotas, nuestras calles llenas de hoyos. En Av. Los presidentes la gente tiene que andar con la silla de ruedas por la calle. Cuando se habla de seguridad humana no solo se debe ver desde el robo o que hable del tráfico o sobre denuncia, no sirve solo eso, si me estás hablando de seguridad humana, me está hablando de humanos personas.

En chile se habla mucho hoy de la existencia de una crisis de participación, ¿Porque cree usted que existe esa crisis?

¿Por qué a quién le preguntaron en que querían participar?

A mí me quedó muy claro, cuando hace muchos años le llevé a la señora Tegualda Mora, encargada de capacitación de la Municipalidad, los cupos de peluquería, ella me dice: “Que bien, ya estamos aburridas de que solo nos traigan talleres de cómo hacer collares”.

Porque no preguntan así como hicieron esto mismo de la consulta ciudadana, ¿qué talleres les gustaría a ustedes? ¿En qué les gustaría participar?

Llamar a la participación y no hay con qué, ¿cómo quedamos? Las autoridades tienen los recursos económicos, nosotros tenemos las ganas, a lo mejor la gente. Pero también deben ofrecer lo que es bueno para la gente, y lo que la gente quiere. El imponer cosas no resulta, porque a nadie le gusta que le impongan, el conversar y ver en que podemos ir trabajando eso es mucho mejor.

La invito a hacer el siguiente ejercicio, Hortensia es electa Alcaldesa de Peñalolén el 2020, ¿Qué haría usted si así fuera, que políticas implementaría si le tocara esa responsabilidad?

Espacios, yo siempre digo que no tenemos espacios para nuestros jóvenes, ni tampoco lo tenemos para nuestros viejos. Los jóvenes tienen que salir a la calle para escuchar su música, tener sus conversaciones, fumar un cigarrillo, tienen que salir a la calle porque dentro de sus casas no pueden hacerlo, su música molesta, porque es tarrera o porque es hip hop y en la casa no todos les gusta. Entonces a dónde van? A la calle, a la esquina y en esa esquina va estar más propenso a que llegue el alcohol y las drogas. Y el adulto mayor cuando quiere escuchar su música, se burlan de nosotros, yo lo he escuchado, cuando el adulto mayor da su opinión la gente automáticamente lo descalifica. No la validan por ser de generaciones anteriores, si quiere tomarse un trago lo tildan de alcohólico de inmediato y adonde se van? a las plazas a beber con los mismo de su edad, que ya están los jubilados, que no tienen nada que hacer y que en sus casas molestan. Muchos de ellos son maestros, trabajadores de construcción, expertos en sus oficios. Ellos podrían enseñar a las nuevas generaciones. No les sacamos provecho. Entonces que sucede, que se juntan y no faltó el que dijo: » yo tengo para una caja de vino» porque no hay más que hacer. Realmente es necesario tener espacios para todos.

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